|
Presentación
“CHE DIRIGENTE”
(Desde la toma de la fortaleza de La Cabaña el 2 de enero
de 1959 hasta la carta de despedida a Fidel en 1965)
El hombre crece y se hace gigante en la lucha. La
legendaria figura de Ernesto Guevara de la Serna (el Che para todo
el pueblo de cuba y para el mundo) se agiganta a medida que su arrolladora
marcha lo acerca a La Habana.
La Capital de la República, hasta ese momento convulsa por
la lucha clandestina y el movimiento de masas, recibe a la avanzada
de los famosos “barbudos”, encabezada por dos leyendas
vivientes: el Che y Camilo.
Cumpliendo las órdenes del Comandante en Jefe, y apenas finalizada
la batalla decisiva por Santa Clara, los comandantes guerrilleros
entran a la capital para tomar (sin tener que realizar un solo disparo)
los dos principales cuarteles del ejército batistiano. La
fortaleza de San Carlos de la Cabaña, vetusto castillo dieciochesco
en las márgenes de la bahía habanera, es tomada por
el Che, estableciendo allí su Comandancia en la casa que
fuera construida en el siglo XIX como vivienda del comandante de
la plaza. Por su parte Camilo Cienfuegos ocupó el campamento
de Columbia en la populosa barriada de Marianao.
Pasados los primeros momentos, luego de las fuertes emociones del
triunfo y la entrada de Fidel en La Habana (el 8 de enero de 1959),
el Che es llamado por el máximo líder de la Revolución
para cumplir otras tareas que lo alejan de las armas y la estrategia
militar. Desde los ya “lejanos” días del Hombrito
y la Comandancia de la Columna 4 en La Mesa, Ernesto Guevara había
hecho patentes sus inmejorables dotes como organizador de la economía
y la incipiente industria de las zonas liberadas (ver
Primera Etapa). Por tanto, nada más lógico que
encargarle –el 7 de octubre de 1959- ese frente, en la nueva
batalla que se avecinaba, hacer de Cuba un país próspero
e independiente.
Es aquí donde comienzan a rebelarse con toda fuerza sus potencialidades
para organizar la producción y el pensamiento económico
de avanzada .
Es aquí donde nace el CHE DIRIGENTE.
Pero esos primeros meses del año 1959 han estado también
llenos de importantes acontecimientos en su vida personal. El 9
de febrero es declarado Ciudadano Cubano, por ley del Gobierno Revolucionario
y el 2 de junio contrae matrimonio con Aleida March de la Torre,
compañera desde los días de la guerrilla en el Escambray.
(para conocer más – Cronología Tercera Etapa)
Sus dotes de economista cada día se hacen más evidentes.
Al frente del Departamento de Industrias del Instituto Nacional
de la Reforma Agraria (INRA) emprende una inmensa labor de planificación
del desarrollo económico del país. 
“El aporte original de Ernesto Guevara a la planificación
socialista fue el Sistema Presupuestario de Financiamiento de 1963-1964.
Constituyó esencialmente el primer ensayo de economía
estatal del país. Sin embargo, el proceso previo a su formulación
se inició desde la asunción del Che como hombre del
gobierno. En efecto, la política de intervenciones y nacionalizaciones
de la Revolución Cubana contuvo una fuerte intención
industrialista.” (Marcelo
Luna – “El Che Guevara Economista” - luna@icarodigital.com.ar)
Pero no sólo dedicó su talento y esfuerzo a la planificación
económica. Una de sus principales preocupaciones fue diseñar
las vías y formas de ir barriendo de la mente del pueblo
los rezagos propios de la sociedad capitalista. Por ello expresaba:
"El socialismo económico sin moral comunista no
me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos
contra la alienación. Uno de los objetivos fundamentales
del marxismo es hacer desaparecer el interés, el factor "interés
individual" y lucro, de las motivaciones psicológicas.
Marx se preocupaba tanto de los hechos económicos como de
su traducción en la mente. Él llamaba eso un «hecho
de conciencia». Si el comunismo descuida los hechos de conciencia
puede ser un método de repartición, pero deja de ser
una moral revolucionaria [...] El comunismo es un fenómeno
de conciencia y no solamente un fenómeno de producción."
(Entrevista
con Jean Daniel, 1963 - Reuniones bimestrales, 21/12/1963 –
en Marcelo Luna, “El Che Guevara Economista”)
Esta es una de las facetas que a veces menos se destaca en la personalidad
del Che. Quedan por delante sus dotes de combatiente y de jefe guerrillero,
su arrojo personal y sus cualidades guerreras. Pero con el Che se
pueden parafrasearse las palabras que José Martí,
el Héroe Nacional de Cuba, dijo un día al referirse
a otro gigante de las luchas del siglo XIX por la independencia
de España, Antonio Maceo. Dijo el Apóstol de nuestra
Independencia que Maceo tenía tanta fuerza en el brazo como
en las ideas.
“Orlando Borrego Díaz luchó junto a Ernesto
Che Guevara antes del triunfo de la Revolución Cubana, en
la Columna 8 "Ciro Redondo", que Guevara comandaba y en
la cual Borrego alcanzó el grado de primer teniente. Y después
de tomado el poder, cuando todo estaba por hacerse, el Che lo llamó
a colaborar con él en el Departamento de Industrialización
y más tarde en el ministerio de Industrias, donde fueron
ministro y viceministro, respectivamente”. Una persona
como él, tan cercana al Che, expresó que el Comandante
Guevara era un hombre excepcional por varias razones: "Primero,
su honestidad a toda prueba. Luego, su capacidad de sacrificio,
su austeridad, su extraordinaria voluntad expresada en distintas
facetas: en el estudio, en el trabajo, en las relaciones humanas,
en su capacidad crítica, en su antidogmatismo. En su carácter
carismático, en su internacionalismo: cada cosa que hacía
en Cuba la hacía pensando en América Latina y en el
mundo. Otro de sus rasgos excepcionales fue su extraordinaria confianza
en la juventud. Y por supuesto su valentía personal expresada
no solamente durante la lucha, sino después de la toma del
poder, para enfrentarse a cualquier cosa que no entendía
como racional, como consistente, como verdadera. Se enfrentaba con
su gran espíritu crítico fundamentado en un estudio
profundo de cada fenómeno y con un rigor científico
-desde mi punto de vista- incuestionable". (Ximena
Ortúzar, El Siglo - Entrevista a Orlando Borrego "El
Che era un hombre de un optimismo total")
Ernesto Guevara de la Serna tenía una fortaleza en sus ideas
que lo hicieron trascender su tiempo y su siglo, demostrando con
hechos que una sociedad mejor era posible en América Latina.
Por eso partió hacia otras tierras, para continuar la obra
iniciada en Cuba y hacer realidad su sueño de ver una Latinoamérica
donde los hombres fueran hermanos. Por ese sueño renunció
a todo y escribió al despedirse: “Hago formal renuncia
a mis cargos en la Dirección del Partido, de mi puesto de
Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano.
Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no
se pueden romper como los nombramientos.” (Carta de despedida
del Che a Fidel)
Y así se despidió de todos: de sus compañeros,
de su pueblo, de sus hijos y de sus padres.
[marzo 1965]
“Queridos viejos:
Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo
al camino con mi adarga al brazo.
Hace de esto casi diez años, les escribí otra carta
de despedida. Según recuerdo, me lamentaba de no ser mejor
soldado y mejor médico; lo segundo ya no me interesa, soldado
no soy tan malo.
Nada ha cambiado en esencia, salvo que soy mucho más consciente,
mi marxismo está enraizado y depurado. Creo en la lucha armada
como única solución para los pueblos que luchan por
liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán
aventurero, y lo soy, solo que de un tipo diferente y de los que
ponen el pellejo para demostrar sus verdades.
Puede ser que ésta sea la definitiva. No lo busco pero está
dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es
así, va un último abrazo.
Los he querido mucho, sólo que no he sabido expresar mi cariño,
soy extremadamente rígido en mis acciones y creo que a veces
no me entendieron. No era fácil entenderme, por otra parte,
créanme, solamente, hoy. Ahora, una voluntad que he pulido
con delectación de artista, sostendrá unas piernas
flácidas y unos pulmones cansados. Lo haré.
Acuérdense de vez en cuando de este pequeño condotieri
del siglo XX. Un beso a Celia, a Roberto, Juan Martín y Patotín,
a Beatriz, a todos. Un gran abrazo de hijo pródigo y recalcitrante
para ustedes.
Ernesto.”
|